DE PICASSO A BARCELÓ

Obra gráfica y múltiple contemporáneo

28 de ABRIL - 3 de JULIO


Esta exposición, compuesta por 35 obras de 23 artistas, revela la evolución de una serie de prácticas artísticas que tienen en común el hecho de ser susceptibles de ser reproducidas por medios mecánicos, además de una reflexión sobre la relación entre el artista y la tecnología.


El recorrido expositivo ha sido planteado en distintos bloques temáticos para su correcta comprensión. El discurso empieza presentando una mirada cruzada hacia los orígenes del arte contemporáneo en España con obras de Pablo Picasso, Salvador Dalí y Joan Miró; le sigue una selección de obras de artistas que desarrollaron el lenguaje de la abstracción como Antoni Tàpies, Rafael Canogar, Antonio Saura o Eduardo Chillida; la escultura contemporánea con múltiples de Miguel Berrocal, Eduardo Arroyo o Pablo Serrano; el Pop Art y la serigrafía con obras de Andy Warhol o Equipo Realidad entre otros; para acabar con una visión poética del arte español en los años ochenta y noventa presentando trabajos de Jaume Plensa, Luis Gordillo, José María Sicilia o Miquel Barceló.


Exposición - De Picasso a Barceló - Museo de Arte e Hitoria de Durango - 2022

LOS ORÍGENES DEL ARTE CONTEMPORÁNEO EN ESPAÑA. MIRADAS CRUZADAS DE LA MODERNIDAD: PICASSO, MIRÓ Y DALÍ.

El principio del siglo XX en España resultó ser muy prolífico en cuanto a la aparición de grandes artistas.

La lectura de la vanguardia española que proponemos en esta selección de obra gráfica se despliega cronológicamente, poniendo de relieve las trayectorias de estos tres artistas: Picasso, Miró y Dalí como partícipes en distintas manifestaciones vanguardistas. Picasso apareció en la escena artística en la primera década del siglo XX, Miró en la década de 1910, y Dalí a comienzos de los años ‘20.

Los tres fueron grandes buscadores de lenguajes nuevos y sus encuentros e influencias cruzadas, a menudo invisibles o inconscientes.

Estos artistas evidencian un deseo de renovación de los lenguajes plásticos, cuyo paradigma es encontrado por los artistas en las corrientes europeas.

Tomando como referente las distintas corrientes del momento -Cubismo, Futurismo, Fauvismo o Surrealismo-, participan en la dimensión internacional del arte de vanguardia del siglo XX. Picasso realizó su primera litografía en 1919, como una invitación a la exposición que presentó en la galería Rosenberg de París, desde entonces y hasta 1930, utilizó la técnica litográfica para ilustrar algunos libros, catálogos e invitaciones, pero no fue hasta 1945 cuando se interesó realmente por este sistema de estampación. Comenzó a elaborar estampas sobre piedra a partir de noviembre de 1945 en el taller de Fernand Mourlot, en Paris donde el artista se implicó en todas las fases de producción, desde el dibujo sobre la piedra hasta el control de las primeras tiradas.

El taller Mourlot, abierto en 1852, fue un lugar que eligieron para estampar también otros de los grandes artistas de la época, entre ellos Matisse, Miró, Chagall, Braque, Leger, Magritte, e incluso Dalí. Los cambios del lenguaje plástico no llegaron a influir de manera definitiva en la renovación de las técnicas de reproducción gráfica artesanales empleadas hasta el momento: el grabado y la litografía. Sin embargo crearon las bases para la adaptación tecnológica en los años futuros.

LA GRÁFICA ESPAÑOLA DE LAS SEGUNDAS VANGUARDIAS. ENTRE REALISMO Y ABSTRACCIÓN.

Tras la II Guerra Mundial surgen las segundas vanguardias, empiezan a desarrollarse la sociedad de consumo y el capitalismo, el coleccionismo se dispara y el arte se convierte en un objeto de especulación.

El rasgo común en todos los movimientos que surgen, es el deseo de innovación constante. La meta de los artistas es la experiencia novedosa, la búsqueda de lo nuevo, recurriendo a nuevos materiales, industriales o de desecho.

En España a finales de los años ’40 surgen las primeras agrupaciones contra el arte academicista oficializado por el Estado. A pesar de su efímera existencia, iniciativas tales como las del grupo barcelonés Dau al Set creado en 1948 por el poeta Joan Brossa, el filósofo Arnau Puig y los pintores Joan Ponç o Antoni Tàpies entre otros, están consideradas como unos de los primeros referentes de la vanguardia artística interior posterior a la posguerra española. Con sólidas estrategias de actuación, a través de exposiciones itinerantes, publicaciones o intercambios culturales, consiguieron introducir a la sociedad, a los galeristas, coleccionistas y editores, en el gusto por la estética surrealista y el arte abstracto en general. En paralelo, hasta mediados de la década de los sesenta, aparece una etapa que viene a condensar el nacimiento de una gran cantidad de agrupaciones artísticas divididas, a su vez, en dos movimientos muy diferentes: el abstracto y el realista. Dos visiones, estéticas e ideologías muy diferentes, pero que confluían hacia el mismo objetivo de llevar a cabo una lucha contra la desinformación y el aislamiento del país durante la época franquista.

Artista emblemático de esta época fue Antoni Tàpies. Tras su paso por Dau al Set, influenciado por la filosofía existencialista y por la huella dejada por el conflicto bélico en una concepción pesimista del hombre, dentro del informalismo, Tàpies se situó dentro de la denominada “pintura matérica”. Sus trabajos se caracterizaban por la mixtificación técnica y el empleo de materiales heterogéneos, muchas veces de desecho o de reciclaje, mezclados con los materiales tradicionales del arte, siempre en búsqueda constante de un nuevo lenguaje de expresión artística, algo que es muy evidente también en su obra gráfica.

LA ESCULTURA CONTEMPORÁNEA Y LA OBRA MÚLTIPLE SERIADA

La escultura contemporánea es una de las manifestaciones artísticas que más ha evolucionado a lo largo del siglo XX. Este proceso evolutivo tuvo como precedentes el ready made de Duchamp y el objeto encontrado dada y surrealista, que fueron revolucionando y liquidando en parte el concepto tradicional de escultura.

Cuando hablamos de pieza única en la escultura contemporánea, se trata de proyectos cuya tirada del mismo modelo oscila entre 2 y 8 ejemplares, todas exactamente iguales y numeradas. En el caso del múltiple, la voluntad de hacer accesible a muchos la obra de arte, llevó al escultor Miguel Berrocal a nuevos modos de hacer y formar en la escultura. Con su obra María de la O se establece la fecha histórica del nacimiento de la escultura multiplicada, que fue presentada en la Bienal de Venecia de 1964 y que dos años más tarde ganó el premio de escultura en la Bienal de París. Esta obra editada en serie de 200 ejemplares fue todo un éxito comercial y supuso el reconocimiento internacional de Berrocal como creador del múltiple.

Para Joseph Beuys, el múltiple fue un vehículo ideal de su pensamiento, un medio de comunicación y de difusión con el que podía llegar a un gran número de público.

Hay que considerar que la obra seriada cobra una especial relevancia en las tendencias artísticas que surgen entre los años sesenta y setenta, un tiempo en el que los procesos de desmaterialización de la obra y el cuestionamiento de la autoría perseguían eliminar el aura del arte, haciéndolo más asequible para el público, al que se le pedía participación.

Es el momento en el que los artistas buscaban dar respuesta a las problemáticas sociales de un mundo sujeto a radicales transformaciones, que exigía dinamitar los preceptos de la obra de arte única e irrepetible, sujeta a los caprichos del mercado. Desde esa perspectiva, podemos entender el modo en el que Beuys intervino de manera decidida en la obra múltiple y seriada; no resulta extraño que, entre 1965 y 1986, realizara unas 600 obras de estas características: fotografías, impresiones, objetos, esculturas, vídeos, películas y hasta grabaciones sonoras, en definitiva utilizando todas las técnicas, desde las más tradicionales hasta las más novedosas para poner en circulación sus ideas.

POP ART Y SERIGRAFÍA

A finales del decenio de los ‘50 el expresionismo abstracto fue la tendencia principal de la pintura hasta que surgió la Pop art. Tanto los artistas jóvenes como el público en general empezaban a estar cansados del expresionismo abstracto y lo acusaban de haber llegado a una etapa caracterizada por la falta de sinceridad emocional.

El Pop Art apareció simultáneamente durante esos años, en Inglaterra y en Estados Unidos tratando de quitar la conexión emocional entre el artista y la obra de arte y creando obras que tuvieran una interpretación más instantánea y menos intelectual. Los artistas del Pop Art desarrollaron diferentes técnicas de trabajo, entre las más importantes se encuentra la serigrafía: un procedimiento de impresión que era utilizado principalmente para hacer reproducciones de arte o anuncios publicitarios. Andy Warhol fue el pionero en el proceso del desarrollo de fotografías de gran formato y en sus obras los rasgos expresionistas se eliminaron de manera progresiva hasta reducir su trabajo a una repetición seriada de elementos populares procedente de la cultura de masas, especialmente a través de la serigrafía. Gran parte de sus obras fueron realizadas mediante la serigrafía, convirtiendo los originales serigráficos en una nueva forma de expresión.

El artista reprodujo sistemáticamente mitos de la sociedad contemporánea, muestra de lo cual son las series dedicadas a Marilyn Monroe, Elvis Presley, Elizabeth Taylor o Mao Tse Tung, así como su célebre tratamiento de las latas de sopa Campbell; todas ellas realizadas durante la fructífera década de 1960. El arte pop en España, como peculiaridad, no fue un movimiento unitario y tiene mucho que ver con la nueva figuración que surgió de la crisis del informalismo.

Los principales artistas de este movimiento fueron Eduardo Arroyo y Equipo Crónica, grupo artístico fundado en 1964 por tres pintores valencianos, a partir de las propuestas del historiador Tomás Llorens, cuyos integrantes fueron Manolo Valdés, Rafael Solbes y Juan Antonio Toledo. En la obra de todos estos artistas se puede encontrar una crítica contra la dictadura y sociedad franquistas.

UNA VISIÓN POÉTICA DEL ARTE ESPAÑOL EN LOS AÑOS ’80 Y ‘90

La posmodernidad es una concepción cultural propia de la sociedad de las últimas décadas del siglo XX que se asocia al culto de la individualidad, a la ausencia de interés por el bienestar común, al desencanto y a la apatía, admitiendo un fracaso de la sociedad. A diferencia de las generaciones precedentes, que creían en las utopías y en el desarrollo social, los pensadores posmodernos defienden que la posibilidad de progreso sólo es individual y este sentimiento se refleja también en las creaciones artísticas. La posmodernidad en España proponía como modelo la pacífica transición de la dictadura franquista a la monarquía parlamentaria. La Movida madrileña, un movimiento difuso pero de gran repercusión mediática, impuso un esteticismo frívolo, descarado y provocador, que pretendía igualar desde el punto de vista artístico la ciudad de Madrid a Nueva York. Pero desde un punto de vista propiamente plástico y artístico, la época posterior al franquismo se caracterizó por el rescate de las vanguardias anteriores con una visión más individualista.

Surgió una profunda heterogeneidad estilística que seguimos compartiendo en la actualidad.

Hemos reunido en esta sección a una generación de artistas que florecieron en los noventa, con algunos antecedentes de los ochenta: Jaume Plensa, Miquel Barceló o José María Sicilia. Aunque estos artistas son muy diferentes, todos tienen una idea poética del arte, con ese sentido trágico que existe desde el arte primitivo. El carácter multidisciplinar de estos creadores tiene implícito un espacio para la innovación y se valen tanto de todos los procedimientos tradicionales del grabado, como de nuevas técnicas experimentales, creando unas obras sorprendentes, en las que conviven la tradición y la innovación.