La obra se basa en el conocimiento situado: un saber es desarrollado y utilizado en un contexto específico, ligado a un lugar, una cultura, una experiencia o una comunidad determinada; en este caso, la de la autora. Explicar el punto de vista es imprescindible, ya que la neutralidad no existe y cada cual aborda la creación desde su propia realidad, condiciones e ideas.
El proyecto Harien Isla busca impulsar la reflexión a través de la creación. Por ello, las obras, las palabras y las preguntas pretenden situar al público frente al espejo, convertir la exposición en un espacio de pensamiento y propiciar que las personas visitantes compartan sus reflexiones a lo largo del recorrido.
Se quiere lanzar una invitación a activar una mirada propia, entretejiendo realidades complejas y situando en el centro el diálogo y la participación.
El proyecto Harien Isla es la obra ganadora de la convocatoria de Becas Creativas de la Feria de Durango 2024.
Una criatura de rostro sombrío camina por la calle, lenta y cojeando. Está herida y cree que esa herida es suya, sólo suya, que esa herida la lleva en soledad, que las heridas sólo aparecen en su piel, de forma natural. Ha probado los caros ungüentos que venden en la tienda para heridas. “Es raro, todos tienen un rastro de oro”, piensa. Al principio se siente un poco mejor, pero poco después, le suele aparecer otra herida en la piel.
Lo que no sabe es que en la oscuridad van y vienen seres tristes como ella, destrozados por la creencia de que el dolor es propio. Nadie ha mirado todavía hacia arriba, sobre las nubes.
Una estructura de oro punzante y casi invisible les mira desde arriba.
Se esconde en los rincones del día a día. La estructura impone las reglas y se apodera, poco a poco, de las cabezas de las criaturas lúgubres sin que nadie se dé cuenta.
La persona oprimida no siempre tiene conciencia de la opresión y ésta es la primera ventaja del sistema opresor.
El Oro vive tranquilo, porque sabe que lo tiene todo controlado. Controla a los seres de abajo mediante sutiles pinchazos para que no se salgan de la norma.
Hoy, dos seres cabizbajos se han encontrado en la tienda, ambos han comprado la misma crema:
- ¿Tú también queriendo curar algún rasguño? --pregunta a la otra criatura.
- Sí, ayer fui a hacer unas tareas burocráticas y no sé cómo, pero volví a casa con este rasguño. - “Dios mío, es exactamente igual a mi rasguño”, piensa.
- ¿Qué te pasó exactamente en ese momento?
- Qué no... Me desenvuelvo mejor en euskera y así me dirigí a la persona trabajadora, que me respondió de forma grosera que lo hiciera en castellano; además, en lo que quería no había opción en euskera... Me marché con la cabeza baja.
El relato le recuerda escenas conocidas y piensa “no es justo”. Algo le ha hecho "crac"; quizá el dolor no es realmente suyo.
Cuando llega a casa y va a darse el ungüento, se da cuenta de que el desgarro está mejor sin darle ninguna crema. Qué raro.
En los próximos días se ha reunido con más amistades y ha escuchado relatos parecidos. El rasguño está cada vez mejor, incluso los de las demás personas empiezan a curarse (no todos, algunas amistades tienen rasguños diferentes que nunca han estado en su piel).
Empiezan a surgir preguntas entre quienes participan en la conversación. Justo entonces, han mirado hacia arriba y han visto unos tentáculos dorados. Ha intentado esconderse, pero no hay vuelta atrás, lo han visto y la niebla ha empezado a disiparse de repente. Han recordado cuáles son las normas de Urre: "Reciben esas punzadas por hablar en euskera y por aparecer al mundo en euskera". El sistema formado por Urre estructura qué es la norma y qué es lo normal, qué tiene valor y qué no.
Según él, el euskera y las personas euskaldunes no pueden ocupar el centro.
Las criaturas cabizbajas han levantado la cabeza y han visto que tienen un brillo especial en los ojos, es dorado, pero diferente. Fuerte. Se han entendido sin decir nada: es hora de hacer algo.
En primer lugar, nuestras criaturas se han lanzado al análisis, han acordado que deben comprender mejor las dinámicas de los poderosos tentáculos. Para ello, han comenzado desde las vivencias de cada persona a rastrear las etiquetas que tienen bien atadas por ser vascas.
- Uno me ha dicho que en nuestro barrio todas las personas somos “unas aldeanas”.
- A mí me han dicho que para qué aprendo euskera, que sería mejor aprender inglés.
- Pues a mí me han dicho que el euskera es un tesoro, pero para guardarlo en una esquina, para utilizarlo en el ámbito privado.
Las etiquetas se acumulan y se amontonan y todas sitúan al euskera en el margen, unas con crudeza y otras con un poco de purpurina. Además, en este exhaustivo estudio se han encontrado etiquetas dolorosas y pesadas acumuladas durante siglos: “patois”, “lengua del diablo”, prohibiciones del euskera, etc.
Continuando con el análisis profundo, han recurrido a los datos: se han encontrado con conceptos como la emergencia lingüística, minorización extrema, pérdida de espacios de uso vitales del euskera, pérdida del predominio del euskera (en la capacidad), ofensiva judicial contra el euskera… Los números tampoco dicen nada bueno. Hoy en día, las formas de opresión han cambiado, quizás se han sofisticado, pero siguen presentes. 'La situación del euskera es grave', han concluido todas las personas. Los pulmones del euskera están debilitados, recibiendo constantemente punzadas de las agresiones políticas y judiciales, así como de discursos tramposos.
Sin embargo, en medio de esa fragilidad, también existe una fuerza que actúa contra las punzadas. El movimiento a favor del euskera bombea el deseo de vida en torno a la lengua.
Se rema en favor del euskera desde distintos frentes, desde pequeñas acciones cotidianas hasta grandes compromisos colectivos. Incluso cuando el euskera estuvo más cerca de la muerte, la comunidad vasca levantó la cabeza y se puso manos a la obra, dando frutos extraordinarios.
Al percibir los latidos del corazón, una de las criaturas ha recordado las palabras de una de sus docentes: 'Cuando en momentos históricos críticos se han logrado avances sociales, debemos analizar cuáles fueron las claves que lo hicieron posible, qué condiciones se dieron y qué factores jugaron a favor de nuestros derechos, ya que eso nos dará claves importantes para el futuro.' ¿Y si logramos recuperar la fuerza que en los peores tiempos se movilizó en favor del euskera? ¿Y si organizamos un nuevo florecimiento a favor del euskera?
Para ello, hacen falta estrategias, por supuesto. Y para crear estrategias, es necesario comprender bien el terreno de juego.
Las situaciones que vivimos las identificamos con más facilidad, mientras que aquellas que no experimentamos no las vemos tan claramente. Por eso, es necesario identificar los vínculos entre los hilos y ver los dolores que no sentimos como propios.
Percibían varios hilos, pero aún no habían identificado con claridad la conexión entre ellos. Habían observado diversas heridas a varias personas del grupo, aunque no comprendían del todo qué las había causado ni por qué. Una de las participantes ya les había advertido: el sistema de oro tiene más amistades con poder. Generaban heridas, diferentes, distintas entre sí; algunas personas eran castigadas y otras recompensadas. Descubrieron varios tentáculos poderosos. Producían heridas, sí, pero no a todas las personas ni de la misma manera, y las normas cambiaban según el contexto y las condiciones de cada persona. Además, se dieron cuenta de que, en ciertos contextos, también eran mini cómplices, es decir, que tenían los tentáculos del sistema opresor metidos hasta lo más profundo.
Tenían bastante claro el análisis:
El euskera está en juego en la interacción entre distintos sistemas de poder, al igual que el valor simbólico que se le asigna. Al ser una lengua minorizada (minorizada mediante violencia), el euskera siempre debe escalar una pared más larga, más alta y más difícil en el juego de los sistemas; en cambio, las lenguas hegemónicas lo observan desde arriba y le quitan funciones poco a poco. A su vez, entre las redes, los sistemas de poder influyen en que más personas se sumen a la cuerda del euskera.
¿Las personas empobrecidas en tiempo y dinero tienen las mismas oportunidades y medios para acceder al euskera? ¿Qué podemos hacer para que el euskera sea un derecho para todas las personas? ¿Qué otros ejes debemos tener en cuenta?
Comenzaron a reflexionar sobre los efectos de lo que habían descubierto. Por supuesto, ya estaban trabajando en iniciativas a favor del euskera, pero nadie en el grupo había considerado cuál podía ser la influencia de otras redes dominantes ni hasta qué punto podrían afectar. Para desarrollar una buena estrategia, era imprescindible tener en cuenta esa perspectiva.
Las preguntas nos llevan a nuevas preguntas, y quizá puedan ser infinitas, pero no hay un buen análisis sin preguntas, y sobre todo, sin aquellas que cuestionan nuestra propia mirada.
¿Y qué ocurre con esas realidades que no encarnamos? ¿Qué situaciones vive quien está enfrente? ¿La vemos? ¿Las vemos?
¿Y quién y qué asigna la condición de euskaldun? ¿Qué es lo que hace que alguien sea euskaldun? ¿No reconocemos o negamos la condición de euskaldun a quien tenemos delante según nuestras creencias y estereotipos? ¿Qué influencia tienen los sistemas de opresión en nuestras conductas?
¿Cómo miramos: frente a frente o desde arriba abajo? ¿Hemos hecho autocrítica? ¿Asignamos la condición de euskaldun por igual a todas las personas? ¿Todos los pueblos de Euskal Herria reciben el mismo reconocimiento de su euskaldunidad? ¿Hemos cambiado alguna vez de lengua según nuestros juicios o -ismos? ¿Hemos actuado con prejuicios según el pueblo?
¿Y por qué la otra persona es “la otra” y no parte de ese “nosotres”?
El trabajo sobre las intersecciones también sirvió a una de las criaturas para comprender mejor la historia de su entorno familiar. Los ejercicios de memoria eran necesarios, porque quienes no escriben la historia con mayúsculas también tienen algo que contar. Recordó los relatos de sus abuelas y abuelos. Todavía escucha cómo decían: “no hay manera de que te calmes, criatura”. No vamos a engañar a nadie: nunca hemos sido de quedarnos quietas. En nuestra comunidad es bien sabido que en los entornos rurales existe un léxico abundante en euskera (nombres de hierbas, aves, herramientas, lugares, árboles, dichos...), que, lamentablemente, cada vez se utiliza menos y, hablando honestamente, rara vez ha sido valorado.
De hecho, el capital cultural, el poder siempre se le ha reconocido a la ciudad (al centro urbano acomodado, claro está, no a la periferia). La ciudad ha sido imagen de la cultura, plaza de “los sabios”, y también espacio de las lenguas dominantes. Nuestras abuelas no iban a la ciudad hablando en euskera, porque el euskera no tenía el mismo valor que el castellano o el francés; no era la lengua del saber, ni la lengua para tratar asuntos serios. Muchas personas querían ocultar su condición de “campesinas” y ponerse la máscara de “mujer elegante" (como sigue ocurriendo hoy en otros espacios), y no nos engañemos: en ese teatro también estaba en juego la cuestión de clase.
Nuestras abuelas eran campesinas, euskaldunes, mujeres, trabajadoras invisibles en las estadísticas de la época; por tanto, sus saberes y su lengua también eran considerados marginales. Aun así, lo tenían claro: eran euskaldunes y debían proteger el euskera. La acción a favor del euskera no fue inconsciente ni ingenua; en muchas casas se tomó deliberadamente la decisión de vivir en euskera, y se transmitió a las hijas e hijos la importancia de cuidar, alimentar y usar la lengua.
Explorar, examinar, analizar es abrir los ojos, pero el euskera necesita más que abrir los ojos. Necesita acciones.
Pedir a otras personas está bien, al igual que reivindicar. Necesitamos la reivindicación, pero también que cada quien actúe desde su lugar, que incidamos desde las posiciones y los espacios que ocupamos.
Las criaturas de este relato tenían entre manos una última pregunta. Era una pregunta dirigida a ti o a quienes estamos aquí: ¿qué harás tú a favor del euskera? ¿Y qué haremos, colectivamente, a favor del euskera?