El proyecto original, nunca realizado en su momento, ha podido ser reconstruido gracias al material conservado en el archivo personal del artista en la Fundación Museo Jorge Oteiza, que incluye manuscritos, mecanoscritos y grabaciones de audio. A partir de esta documentación, la muestra presenta un conjunto de ocho esculturas seleccionadas por el propio Oteiza, que recorren su trayectoria experimental entre 1950 y 1958.
Estas obras permiten comprender el proceso de investigación del artista en torno al vaciamiento de la forma escultórica, desde una primera aproximación figurativa hasta el desarrollo de un lenguaje abstracto basado en la desocupación del cubo y la esfera. Entre ellas se encuentran algunas de sus conclusiones experimentales más relevantes, como la Caja vacía (1958), considerada un hito en su investigación estética.
El recorrido expositivo se completa con una selección de collages del artista, una faceta menos conocida de su producción, en la que traslada sus investigaciones espaciales al plano bidimensional. Estas obras permiten profundizar en su reflexión sobre la relación entre forma, espacio y vacío.
La exposición se despliega en la primera planta del museo, mientras que la planta baja alberga un espacio didáctico con material audiovisual y documental sobre la figura y obra de Jorge Oteiza, incluyendo la reproducción de la conferencia que el propio artista preparó para este proyecto.
Como complemento a la muestra, el museo ha organizado un programa de actividades que incluye conferencias, visitas guiadas y talleres dirigidos a distintos públicos, con el objetivo de acercar el legado de Oteiza y fomentar el diálogo en torno a su pensamiento artístico.
La exposición está dirigida por Garazi Arrizabalaga, directora del Museo de Arte e Historia de Durango, y comisariada por David Pavo Cuadrado. Asimismo, se editará un catálogo que recogerá la investigación sobre el proyecto original, junto con documentación de archivo y textos de especialistas.
Con esta iniciativa, el Museo de Arte e Historia de Durango no solo recupera un episodio inédito en la trayectoria de Jorge Oteiza, sino que refuerza su compromiso con la investigación, la difusión del patrimonio artístico y la puesta en valor de la memoria cultural vinculada al territorio.